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En la mitad de mi viaje al Perú, mientras visitaba las ruinas de Q'enqo en Cuzco se me acerco un nativo del lugar. Se me ofreció como guía turístico, lo que es común entre los campesinos para sacar unas pocas monedas extras explicando a los turistas qué sentido tienen las ruinas. Aunque la versión de los campesinos puede no ser la científicamente aceptada es la más vistosa porque es la transmitida de padres a hijos en la zona y seguramente decorada para hacerla más atractiva con el paso del tiempo. Los guías locales son baratos e imprescindibles porque el aspecto que tienen las ruinas muchas veces no es mas que unos pocos pedruscos desperdigados en un cerro y es fácil perder el interés a los pocos minutos de llegar al lugar incluso si tienes una guía turística en la mano.
Este campesino era diferente al resto de los sacaperras que me había encontrado. Este hombre estaba extremadamente relajado explicando el sentido de los pedruscos y describiendo cómo lucía el lugar en el siglo XIV. Me extrañó que usase un castellano más culto y rico que el mio. El español del Perú suena dulce y simple. Este hombre hablaba con un acento y ritmo seductivo usando expresiones arcaicas y mucho vocabulario Quechua.
El hombre no era un campesino. Era un Chamán Quechua.
Este hombre baja cada dos semanas a Cuzco desde su poblado en la cima de los Andes para comprar artículos que son útiles para su tribu y aprovecha el tiempo para encontrarse con turistas y transmitir la versión de la historia Inca nunca escrita y perdida en el tiempo.
Todos sabemos que la historia la escriben los vencedores, en este caso la Corona Española. Cuando le dije que venia de España empezó a contarme su versión con un fervor inusitado. En realidad las versiones no distan mucho pero es en los detalles y en las anécdotas donde se encuentra la diferencia. Su religión tiene una ética similar a la Taoista y no expresa sentimientos pero claramente hablaba con una pasión especial al quejarse de cómo todas las potencias mundiales han dado la espalda o explotado a los pueblos Sur Americanos.
Según su descripción, en su poblado viven prácticamente como hacían en tiempo Inca, aunque ahora visten jeans y camisetas made in china. Su religión es la tierra, la naturaleza que ellos llaman PachaMama. En su sociedad no tienen propiedad privada y comparten todo, una forma de comunismo que él opinaba solamente es posible a nivel de tribu. No votan en las elecciones Peruanas porque arriba en las montañas no llega el eco del juego político de las calles Limeñas. Su medicina es completamente basada en remedios y drogas naturales. Como Chamán del poblado entra en trance para predecir el futuro con purificaciones y viajes astrales. No quiero ni saber las bombas químicas que se meterán allá arriba en lo alto de las montañas para hacer más llevadera su vida pero seguro que no distan mucho de las drogas sintéticas que nosotros usamos para evadirnos del mundo.
Después de un par de horas charlando nos despedimos y yo sentí que había encontrado algo que no había buscado en mi viaje. No me queda de este hombre más que el recuerdo. Quizá no es más que un charlatán que viste ese rol para sacar más perras a los turistas pero prefiero hacerme el tonto y seguir pensando que este hombre era real. Supongo que seguirá con su vida en lo alto de las montañas, guiando a su pueblo y bajando de vez en cuando a Cuzco para abrir los ojos a algún turista despistado.
Espero que lo siga haciendo por muchos años.
Hoy ha sido el último día en la ciudad. Ahora mismo me encuentro en el aeropuerto, esperando a que me abran la puerta que me va a llevar de nuevo al viejo mundo.
Los últimos dias han sido tan interesantes como el resto de meses que he estado viviendo aquí. Desde el post que envié hace dos semanas han pasado muchas otras cosas. He estado en un club gigantesco (el más grande en el que estado nunca), me he jugado el pellejo viajando por la noche en una tormenta infernal de hielo y nieve a una ciudad cercana para celebrar un cumpleaños, me he dado cuenta de que nunca terminare de saber que pasa por la cabeza de una mujer (y que nunca me cansaré de intentarlo), me he mudado de casa de nuevo, he comido sushi hasta reventar, he terminado la escuela y seguramente me recordaran por un tiempo como el estudiante más atípico que ha estudiado allí, he organizado una cena internacional en casa y he aprendido a cocinar pollo teriyaki y una cosa extraña coreana de nombre impronunciable,
El resto de la semana ha estado marcada por las despedidas. No me gustan las despedidas. He dicho adiós a mis profesores en la escuela, adiós a los compañeros de clase y adiós a las amistades que he forjado en la ciudad. Decir adiós a la gente es duro cuando les coges cariño y sabes que pasara mucho tiempo antes de volverlos a ver.
Echando la vista atrás, puedo decir que vivir en Toronto ha sido una experiencia enriquecedora. Mi objetivo al venir aquí era soltar el inglés que he estado aprendiendo toda mi vida y que tenia encerrado bajo capas de falta de confianza. Aunque aprender inglés suficiente para moverme con seguridad ha sido importante, ha sido vivir en una ciudad multicultural, sufrir el choque cultural y escuchar a diario el punto de vista de gente de todas partes del mundo lo que me ha cambiado la perspectiva de la pelota en la que vivimos, que ahora me parece mucho más pequeña y me ha convertido en una persona diferente, más profunda, menos reflexiva y más tolerante.
Ahora estoy en mi derecho de afirmar que vivir una temporada en otro país es realemente algo importante para todo el mundo. Al cambiarme de universidad perdí la oportunidad de disfrutar de una beca erasmus y estoy seguro que hay mucha gente que como yo, por falta de tiempo, por su situación económica o por estar demasiado pegado a las faldas de mama no se han planteado dar un salto. Desde mi púlpito os animo a hacerlo porque todo el mundo quiere mejorar en la vida y vivir en un ambiente totalmente distinto es la manera más rápida de progresar como persona.
Ahora estoy escribiendo esto desde Gatwick, después de un viaje aburrido e infernal en un micro-avión sin espacio para estirar las piernas. ¡¡Y eso que yo soy una criatura diminuta!!
Entre el cansancio del viaje y a que me encuentro a solo un par de horas de Madrid ya no tengo más pensamientos profundos, tan solo pienso en comer jamón y chorizo. ¡Y pescado! Estos americanos canadienses sólo saben comer pollo... mmmm esto me recuerda que es la hora de comer...
Si es que al final, por mas que queramos ocultarlo bajo nuestro maquillaje metrosexual, todos los hombres somos como Homer. Me voy al duty-free "Mmmmmm donuts..."
He dejado pasar mucho tiempo desde la última vez que envié una historia aquí. Más de dos meses, lo que significa que llevo cerca de 3 meses en Toronto.
En este tiempo me he mudado 2 veces de casa (y me falta una antes de volver), he tratado de adaptarme al horario canadiense pero sigo viviendo como en España, he comido gusanos coreanos, he bebido té de todos los colores y partes del mundo, he pasado una navidad fuera de casa, he comprado mandarinas de marruecos (y se me ha partido el corazón), he estado en una fiesta con unas 200 personas donde yo era el único blanco, he aprendido a cocinar pollo al curry, pescado al curry y ternera al curry; he visitado las Cataratas de Niagara y Montreal, he convivido con personas de otras religiones, he cruzado la frontera estaunidense firmando papeles en mejicano que me costaba entender, he empezado a usar facebook, he aprendido a dar valor a las cosas más simples, he leído dos libros gordotes y he visto tropocientas películas, he aprendido inglés suficiente para moverme con soltura por la ciudad y para ver la televisión, he aprendido a distinguir físicamente a los coreanos, japoneses, chinos y tailandeses, he conocido a un montón de tamiles y me he sensibilizado con la situación en sri lanka, he conocido a un solo Español, he aprendido a jugar al texas holdem poker aunque hecho de menos una partida de Mus, he estado por primera vez en un casino, estoy empezando a apreciar el café americano, he comido kit-kat de sabor a mango, tengo como adicción comer donuts del tim hortons, he estado en un estadio de curling, he organizado una fiesta internacional en mi casa, me he enamorado de una canadiense, he hecho un montón de amigos nuevos y no quiero perder el contacto con ellos, he conducido en el circuito de F1 Gilles Villeneuve, he aprendido a jugar semiprofesionalmente a Carcassone, he escrito un poema en tamil, he salido a correr por calles cubiertas de nieve bajo cero, he estado en una discoteca bailando hip hop a lo gansta rodeado de negros, he cocinado 10 litros de perfecta sangría española, he usado ordenadores en coreano y japones, he hecho la cuenta atrás del nuevo año rodeado de miles de personas, he cogido una amigdalitis terrible, he aprendido naciones básicas de tamil, japones y coreano, he intentado ir a un partido de hockey y de baloncesto, he caminado a horas indecentes por barrios indecentes y me he sentido mucho mas seguro que paseando por Madrid, he comido platos coreanos y indios tan picantes que harían llorar a satanás, he enseñado a decir a un japones "Que pasa trooooonco, ¡cómeme la polla!", tuve una mala experiencia con un colombiano que pensaba que me quería secuestrar, he patinado sobre hielo en un par de ocasiones (y patino mejor que muchos canadienses), he aprendido un poquito más de yoga, he vivido con una familia Canadiense durante un mes (tiempo suficiente para darme cuenta que tengo bastante con una familia en España, gracias), he comido las 12 uvas a las 6 de la tarde hora local siguiendo lo que pasaba en la puerta de sol a través de telemadrid en streaming por internet, he conducido un coche automático por ciudad y autopista (sin nieve), he tratado sin ganas ni éxito buscar un trabajo a tiempo parcial, he estado de voluntario en un colegio, he ido a consulta con un médico tamil, he ido seis veces al cine, he estado en la calle tan feliz a -15 grados, me he acostumbrado a quitarme los zapatos al entrar en casa, he resucitado un windows en japonés, he perdido mucho español pero he ganado mucho mejicano y ahora en vez de de "hijoputa" digo "wey", "huevón" o "hijo de la chingada" ¡con acento!, he estado en una fiesta que termino cuando empezaron a volar sillas y botellas en la sala, me he enamorado de la funcionalidad del urbanismo americano con mucho espacio, muchos parques, muchos coches, ninguna rotonda, y nada de tráfico *,
Estoy muy contento de haber venido y de estar pasando el invierno fuera de casa. Ya tengo fecha de vuelta, a principios de febrero estaré de nuevo en Madrid. Cuando ponga el pie allí, seré la misma persona pero con un puñado de nuevas experiencias, así que sin duda, algo habrá cambiado.
* Es muy interesante el concepto de parque que tienen aquí. La ciudad entera es un enorme parque porque las calles están llenas de árboles y las áreas que tienen como parques viene a ser nuestro concepto de selva. Al tener tantas zonas verdes las calles no están tan saturadas como en España. Esto me recuerda un comentario de mi amigo Nacho hablando de las calles Alemanas. Él opina que si en un pueblo de Alemania hubiera un alcalde español, eliminaría las grandes avenidas para poner una hilera de casas en el medio y pequeñas calles en los laterales. ¡Compara el modelo Español con el de Toronto, donde puedes ver con facilidad ardillas corriendo por las calles en el centro de la ciudad!
El día 23 de octubre he cruzado el charco de nuevo, esta vez para pasarme una temporada en Canada mejorando mi inglés. He venido a Canada sin saber la fecha en la que volveré a España. Lo que quiero es sentirme seguro hablando inglés y convertir mi pronunciación de Corcos del Valle en un inglés entendible en el mundo, lo que puede tardar de dos semanas (mi tiempo medio de estancia en un lugar ahora mismo) a un buen puñado de meses.
El viaje de Madrid a Toronto... se me hizo eterno. El billete salió barato pero el avión era un Airbus chiquito, los típicos de vuelos europeos y los pasajeros estábamos muy apiñados. Hice un primer vuelo de 7 horas entre Madrid y Montreal donde conocí a una pareja de simpáticos gallegos jubilados que llevaban 40 años viviendo en Canada. El hombre, P.C, me contó un montón de batallitas de cómo funciona una siderurgía del metal que a mi me resultaban muy interesante pero muy lejanas ¡Estoy demasiado tiempo acostumbrado a trabajos limpios y de precisión!
Después estuve una hora de transito en Montreal (Bonita manera de decir que estuve una hora metido entre cuatro paredes) y una hora más de vuelo hacia Toronto. En este otro vuelo conocí a unas cuantas parejas de jubilados catalanes que iban a visitar Ontario y Québec. Yo no entiendo el por qué pero en mi avión había un montón de gente mayor y un montón de niños pequeños y bebes. A los niños pequeños la diferencia de presión cuando hay turbulencias y en los despegues y aterrizajes les hace mucho daño en la cabeza y el vuelo fue muy movidito asi que los pobrecitos lo pasaron realmente mal y estuvieron llorando desconsoladamente buena parte del viaje y el resto de pasajeros pues con un dolor de cabeza importante.
Al aterrizar en Montreal estaba lloviendo, habia niebla y era un día muy oscuro. Me dio miedo pero luego al llegar a Toronto, ya de noche cerrada, hacia bastante bueno y la noche era muy clara, tanta que desde el avión se podia disfrutar de una vista preciosa con toda la ciudad perfectamente cuadriculada e iluminada. Parece que en Toronto debe hacer frio, pero no se nota. La casa en la que estoy ahora mismo es mucho más cálida que mi casa en Valladolid.
En Toronto estoy viviendo en una casa de una familia que me acoge. El padre, F es un profesor que en sus ratos libres se dedica a vender todo tipo de cosas por ebay. Mis compañeros de piso son Y, un chico koreano, M, una chica koreana, dos chicas mexicanas L y M, la hija de F con la que no he hablado nada y MAI que es una gata que anda deambulando por casa buscando alguien que la de mimos.
Hoy ha sido mi primer día aquí, mañana subiré fotos de la calle donde vivo porque parece la típica calle americana de película. De hecho el vecino de enfrente tiene la casa decorada con motivo de Halloween y esta realmente currada.